Soñaba que en un momento cambiaron mis días. Cambié dos semanas de aquí por catorce días allí. Estaba claro que todo era ganar y si algo perdía lo ganado lo compensaría. Contigo siempre se gana. Si, sé que no es una apuesta arriesgada, pero aunque lo fuese no dudaría.
En el comienzo del sueño aparecíamos las dos comentándolo. El comienzo del final del sueño sucedía en un avión, esta vez aparecía yo…sola.
Un viaje en coche. Ocho horas, cientos de pueblos, nuevas vistas. Otro camino para disfrutar y acabar recordando. Otro punto de unión. Y una pequeña gran frase que se me grabó al instante y jamás olvidaré: “ Y tranquila, que llevas un buen coche y una buena amiga”.
Ahí me veía. Emocionada, pero ‘dudosa’ a la vez. Ilusionada, pero quizá no del todo convencida como cuando todo acabó.
Llegamos. Comenzaba el sueño hecho realidad dentro del sueño.
Catorce días de convivencia. De levantarnos y acostarnos juntas con todo lo que conlleva el intermedio de esas dos acciones: los buenos días y a veces las buenas tardes. Preparar la comida, fregar, tender la ropa al solecito, recoger. Todo entre risas y algún que otro cabreo. Pero todo ello con un relax, comodidad y naturalidad. Como si lleváramos toda una vida haciéndolo, como si nos hubiésemos estado preparando, como si ese fuese nuestro cometido y hubiésemos sido creadas para vivir así (lo sé, suena exagerado, pero no sabría explicarlo de otra manera).
Casi no descarto nada. Casi todo lo destaco: los momentos de charla, los silencios naturales y los pedidos a la carta, las interrupciones en pelis y series, los paseos cuesta arriba para hacer la compra, los viajes tardíos a la montaña, las vistas que contemplé contigo, los momentos vagos (casi son los mejores :P )tiradas divagando en nada, los cuentos. Tus sensaciones, impresiones, tus trabajos. Nuestras borracheras “simples” que otros llamarían aburridas, nuestro lugar en el sofá …Las buenas noches…
Pensar en ti o contar contigo casi para todo y no costarme ningún trabajo. Imagino que puede ser por ESO que das sin que se te pida, sin darte cuenta. Esa calma. Esa paz. Es lo que me hace falta. Sin hacer nada especial, sin decirlo siento que me quieres, que me cuidas, y lo más importante, haces que yo me quiera. Que controle sin demasiado esfuerzo mis impulsos más negativos, mi mala leche o mi bordería momentánea. Haces que no pase nada de lo que a los minutos pueda arrepentirme . Y que no dude en sacar lo mejor de mí. Es como una terapia constante. Vale, no te diré que todos los males desaparezcan o se borren, llevo cicatrices que solo yo puedo cerrar, pero, sí consigues suavizarlos o esconderlos en un laberinto perdido en mi memoria casi desconocido al que me es difícil llegar .
Pasarlo bien no depende de la grandeza de los actos, de lo diferente que pueda ser lo que se hace, ni de la cantidad o complejidad de estos. Pasarlo bien depende de lo que tú sientas en el momento. Y yo contigo, sinceramente, no necesito nada más para pasármelo ¡de loco! (bueno sí, vodka xD) Porque pensar en verte o estar contigo me produce esa sensación de la que te hablaba cuando sé que voy a montar en moto o que cualquier persona siente antes de montar en una atracción o algo así. Y puedo decir que he pasado los catorce días seguidos más pasote de mi vida. ¡Piénsalo! Hemos hablado tantas veces de esto…
La experiencia, en resumen : DE PUTA MADRE. No podría explicarlo mejor con tan pocas palabras para que te hagas una idea.
El comienzo del final del sueño, como te decía, sucedía en un avión. Era como una invitación a salir de todo eso que te cuento. El viaje era como el pasillo hacia la salida. El túnel que comunicaba los dos tipos de vida. El presente y el futuro quizá. Ya recorriéndolo iba siendo un poco consciente. Podía escuchar alguna que otra voz fuera de nuestro sueño (porque, sí, era de las dos). Podía sentir la presencia de otras personas que no éramos ni tú ni yo. Olía a realidad, ya sabes, un poco a podrido (si en ese momento me hubiesen llamado bruscamente me habría despertado sin dificultad alguna, menos mal que no fue así, habría sido un buen choque). Acelerando el avión para despegar. Ese fue el primer toquecillo : “ Eh, ve despertando”. El despegue fue el segundo : “ En breve vuelves a tu mundo, el real” . Mientras miraba hacia abajo y veía aquella enormidad, intentando rescatar todos los momentos, como si fuese posible materializarlos de algún modo.
Así con esa sensación tan extraña desperté con mis padres frente a mí. Preguntando, como si supiesen lo que había pasado, lo que había estado soñando.